• Los grandes incendios forestales dejan una huella que va más allá del paisaje. La prevención y la recuperación requieren cuidar el territorio, acompañar a las personas afectadas y fortalecer las redes comunitarias. En la Sierra de Espadán, el CDR Palancia Mijares participa en un proceso colectivo que busca transformar el dolor provocado por el fuego en reflexión y acción compartida.

El cambio climático está agravando las condiciones que favorecen los incendios forestales más intensos. El aumento de las temperaturas y los periodos de sequía incrementan la vulnerabilidad de la vegetación, aunque la magnitud de estos episodios también depende de otros factores, como los usos del suelo, la continuidad de la masa forestal y la gestión del territorio. Por eso, hablar de prevención exige mirar más allá de la emergencia y preguntarse cómo se cuida el paisaje y qué capacidad tienen las comunidades rurales para afrontar sus consecuencias.

Con motivo de las fechas de sensibilización sobre el cambio climático en octubre, la experiencia de la Sierra de Espadán permite acercarse a otra dimensión de este desafío: lo que ocurre después de las llamas. Porque un incendio no solo transforma el entorno natural. También altera la vida cotidiana, genera incertidumbre y deja emociones difíciles de gestionar, como el miedo, la tristeza, la rabia o la impotencia.

Los incendios del verano de 2026 afectaron gravemente a este territorio valenciano y obligaron a evacuar a habitantes de varios municipios. Ante esta situación, el CDR Palancia Mijares se planteó cómo contribuir desde su ámbito de trabajo: además de informar y ofrecer apoyo, ¿qué podía hacer para acompañar a las personas y favorecer una respuesta colectiva?

La idea de organizar un encuentro comunitario surgió el sábado en que el incendio seguía activo. La propuesta era abrir un espacio donde poder expresar y compartir las emociones que había dejado lo ocurrido y, desde otra mirada, explorar cómo avanzar hacia la acción. Para ello, el centro recurrió a metodologías vinculadas a la ecología profunda y el ecofeminismo, que ayudan a reflexionar sobre la relación entre las personas, la comunidad y la naturaleza.

A partir de ese primer impulso, el CDR contactó con personas y entidades del territorio, así como con profesionales de la facilitación que se ofrecieron a colaborar. Algunas de estas personas habían participado en procesos de acompañamiento tras la DANA y continuaban trabajando con comunidades afectadas. Después de varias reuniones en línea, la propuesta tomó forma en «La sierra nos habita. Encuentro comunitario en la Sierra de Espadán», una jornada prevista para el 31 de octubre en Eslida, municipio afectado por el incendio y sede del Parque Natural de la Serra d’Espadà.


La actividad propone recorrer el entorno para observar tanto las zonas ennegrecidas por el fuego como aquellas que conservan el verde. El paseo se combinará con dinámicas facilitadas para compartir vivencias, escuchar otras experiencias y reflexionar sobre el vínculo con la sierra. Si durante el encuentro surgen propuestas de acción, la intención es recogerlas, acompañarlas y valorar cómo pueden sumarse a las iniciativas que ya existen en el territorio.

La jornada es una propuesta impulsada junto a distintas entidades y asociaciones. La participación del CDR forma parte de un trabajo más amplio de conexión y dinamización comunitaria, que busca favorecer la colaboración entre quienes conocen y habitan la sierra.

Esta dimensión colectiva también está presente en la Coordinadora de Entidades de la Sierra de Espadán (COESE), cuyo grupo motor cuenta con la participación del CDR Palancia Mijares. Desde este espacio se trabaja para articular respuestas relacionadas con la recuperación tras los incendios, la prevención, la sensibilización y la mejora de la capacidad del territorio para afrontar fuegos de gran intensidad.

La prevención, en cualquier caso, no puede limitarse a actuar cuando el fuego ya se ha declarado. Requiere una gestión del paisaje adaptada a cada entorno, el mantenimiento de actividades sostenibles y la implicación de las comunidades en las decisiones que afectan a su futuro. También necesita coordinación entre entidades, administraciones y población local, así como espacios que permitan compartir conocimientos y sostener iniciativas en el tiempo.

El trabajo del CDR Palancia Mijares muestra cómo un Centro de Desarrollo Rural puede contribuir a este proceso desde el acompañamiento a las personas y la articulación de redes territoriales. Su labor no sustituye las actuaciones técnicas ni las responsabilidades públicas necesarias para prevenir los incendios, pero ayuda a incorporar una dimensión que a menudo queda en segundo plano: las necesidades, los vínculos y la capacidad de acción de quienes viven en el medio rural.

Después del fuego quedan paisajes que recuperar y comunidades que necesitan tiempo para procesar lo vivido. Abrir espacios de encuentro no borra las pérdidas, pero puede ayudar a compartirlas, reconocer los recursos colectivos y encontrar formas de seguir adelante. Porque cuidar el territorio también significa cuidar a quienes lo habitan y facilitar que puedan participar activamente en la construcción de su futuro.