Tradicionalmente solemos asociar la familia únicamente a los lazos de sangre, pero la familia también puede construirse desde el acompañamiento, el afecto y la estabilidad emocional.
En la Asociación Cultural Grío llevan más de tres décadas trabajando con infancia y adolescencia en el medio rural y acompañando de manera directa a menores tutelados dentro del sistema de protección en el municipio de Codos (Zaragoza) y sus alrededores. Allí conocen de primera mano la realidad emocional que atraviesan estos niños/as que han vivido situaciones de negligencia, abandono o ausencia de referentes seguros.
“Convivimos en un espacio donde muchos de nuestros chicos descubren, quizá por primera vez, lo que significa sentirse parte de algo. Aquí tejemos una red que sostiene, mira, conoce y acompaña. Eso en realidades tan vulnerables como las suyas, se parece muchísimo al concepto más verdadero de familia” explica una de las educadoras del Centro de Menores Río Grío.
Detrás de muchos comportamientos difíciles, del rechazo y de la desconfianza, existe una herida común: la falta de vínculos seguros. Estos menores cargan con experiencias muy duras para su edad, por eso, la presencia de figuras de referencia y emocionalmente disponibles, resulta fundamental en sus procesos de recuperación y desarrollo.
“Recuerdo cuando me salió el primer diente a todos aplaudiéndome y dándome besos. Codos es mi casa, mi pueblo y mi familia, aquí volví a creer en las personas y en el cariño. Me han cuidado, me han llevado al médico, me han levantado cuando me he caído, me han hecho a ser la persona que soy, cuando nadie daba nada por mí. Me quisieron y me ayudaron…”, nos cuenta uno de los jóvenes extutelados del centro.
En ocasiones esos referentes son familias de origen, otras veces aparecen en forma de educadores, familias acogedoras o personas que, desde la cercanía y constancia, terminan convirtiéndose en figuras significativas como recuerda este joven: “En Codos tuve una abuela, la abuela Pascuala que siempre me trató como a su nieto. Me daba leche y galletas, me hacía regalos, comulgué gracias a ella.”
En el Centro de Menores Río Grío se trabaja desde una metodología centrada en el vínculo y el acompañamiento emocional, entendiendo que la intervención educativa no puede limitarse únicamente a normas, rutinas o supervisión, sino que debe construirse desde la confianza, la escucha y la creación de espacios seguros.
Además, desarrolla actividades que favorecen el sentido de pertenencia y creación de relaciones positivas: salidas al entorno rural, actividades deportivas, dinámicas grupales, apoyo escolar o espacios de conversación y escucha. El medio rural también forma parte de su manera de entender el acompañamiento. Vivir en un entorno más cercano y comunitario favorece relaciones más humanas, tiempos más pausados y una conexión más auténtica con las personas y con el entorno.
En esta misma línea de trabajo, desde el centro se desarrolla el programa de acogimiento familiar “Este es mi nido, otra forma de construir hogar y ofrecer a niños, niñas y adolescentes la posibilidad de crecer en entornos afectivos y protectores.
Este proyecto promovido por Coceder se enmarca en el Programa FSE+ de Inclusión Social, Garantía Infantil y Lucha contra la Pobreza y está cofinanciado por la Unión Europea, el Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030 dentro de los programas de interés social, con cargo al 0,7% del IRPF y se desarrollará en colaboración con la Diputación General de Aragón.