Las mujeres de La Horcajada han compartido sus experiencias, recuerdos y deseos en un taller de reflexión organizado con motivo del Día Internacional de las Mujeres Rurales. A través de un girasol construido entre todas, han puesto en común lo que significa vivir en un pueblo, los retos que han afrontado y el futuro que desean para las nuevas generaciones.

¿Qué sería de un pueblo sin mujeres? Para las participantes en este encuentro, sería un lugar «penoso, desamparado y vacío». Esta respuesta, recogida en uno de los pétalos del girasol que elaboraron durante el taller, resume la importancia de las mujeres en la vida de las comunidades rurales y da comienzo a un recorrido por sus experiencias, reivindicaciones y esperanzas.
La actividad, impulsada en el marco del programa Sosteniendo la vida en comunidades rurales por el CDR Almanzor ha creado un espacio para compartir vivencias, reconocer trayectorias y reflexionar colectivamente sobre el papel de las mujeres en sus pueblos. A partir de distintas preguntas, cada participante ha aportado sus palabras y su mirada, componiendo entre todas una imagen compartida de lo que significa ser mujer rural.
El orgullo de vivir en el pueblo, también frente a las dificultades
En sus respuestas aparece el orgullo de vivir donde quieren, en su pueblo, incluso cuando las circunstancias no siempre son fáciles. También se reconocen como mujeres luchadoras, trabajadoras y fuertes, cualidades que hablan de una vida marcada por el esfuerzo, la capacidad de adaptación y el compromiso con su entorno.
Pero el encuentro también ha dado espacio a las dificultades. La soledad, la pérdida de familiares y vecinos, la falta de servicios y la necesidad de adaptarse a las circunstancias han sido algunas de las cuestiones señaladas por las participantes. Realidades que forman parte de sus experiencias y que ayudan a comprender los desafíos de vivir en el medio rural, especialmente en las localidades más pequeñas.
Poner estas vivencias en común permite reconocer que, detrás de cada historia personal, hay experiencias compartidas. Escucharse y sentirse identificadas en las palabras de otras mujeres ayuda a estrechar vínculos y a dar valor a una memoria que no siempre encuentra espacios para expresarse.

Tradiciones, aprendizajes y reconocimiento
Las mujeres de La Horcajada también han hablado de aquello que desean preservar: los conocimientos, las costumbres, el respeto a las personas mayores y, sobre todo, la vida en el pueblo. En sus palabras hay una voluntad de transmitir a las generaciones más jóvenes lo aprendido a lo largo de los años, desde las tradiciones y los consejos cotidianos hasta los valores que las han acompañado.
Al recordar a las mujeres que las precedieron, destacan los valores recibidos, el aprendizaje vital y el sacrificio de quienes contribuyeron a abrir camino para las siguientes generaciones. Un legado que quieren compartir sin renunciar a los avances conseguidos. De hecho, una de sus reivindicaciones es clara: que las mujeres de hoy no tengan que vivir la esclavitud de antes.
También han puesto sobre la mesa aquello que consideran necesario para las mujeres rurales: oportunidades, reconocimiento y, especialmente, que se las escuche. Porque reconocer su contribución no consiste únicamente en recordar lo que hicieron, sino también en atender a sus necesidades, valorar sus opiniones y contar con ellas en la construcción del presente y del futuro de sus pueblos.
Un futuro con más oportunidades y apoyo entre mujeres
Cuando piensan en las niñas que crecen en su pueblo, su deseo es que tengan una infancia feliz, rodeadas de personas que las quieran. Para las mujeres participantes, ese futuro también pasa por mantener la vida en los pueblos, conservar los vínculos comunitarios y favorecer el apoyo entre vecinas.
Sus consejos a las mujeres rurales de hoy recogen buena parte de ese aprendizaje: luchar por lo que les gusta, apoyarse unas a otras, escuchar a las personas mayores y tener paciencia ante las dificultades. Palabras sencillas que expresan la importancia de la solidaridad cotidiana y de las redes de apoyo para sostener la vida en comunidad.
El girasol construido durante el taller reúne todas estas voces en una creación colectiva. Cada pétalo aporta una experiencia, una reivindicación o un deseo; juntos forman una imagen que recuerda que la vida de los pueblos también se sostiene gracias a las historias, los cuidados y el trabajo de sus mujeres.
Escuchar sus voces, reconocer sus trayectorias y crear espacios donde compartir experiencias es parte de la esencia de Sosteniendo la Vida: fortalecer los vínculos entre las personas, generar apoyo mutuo y contribuir a que los pueblos sigan siendo lugares donde vivir, compartir y construir futuro.
Sosteniendo la vida en comunidades rurales es una iniciativa de innovación social impulsada por COCEDER, enmarcada en el Programa FSE+ de Inclusión Social, Garantía Infantil y Lucha contra la Pobreza. Está cofinanciada por la Unión Europea y el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, dentro de los programas de interés social con cargo al 0,7 % del IRPF.
